FRIEDLAENDER Johnny
En los grabados de Johnny Friedlaender, el color no se limita a rellenar formas ya dibujadas: nace junto con el trazo, las tramas y las profundidades de la superficie impresa. Grabador y pintor de origen alemán, activo sobre todo en Francia, Friedlaender contribuyó de manera decisiva a la renovación del grabado calcográfico en color en la segunda mitad del siglo XX. Su investigación demuestra que el grabado puede ser un lenguaje autónomo, capaz de lograr resultados distintos de los de la pintura.
Formación, exilio y posguerra
Friedlaender nace el 21 de junio de 1912 en Pless, en la entonces alemana Silesia, hoy Pszczyna, en Polonia. Estudia en la Academia de Bellas Artes de Breslavia, donde recibe las enseñanzas de Otto Mueller y, posteriormente, de Carlo Mense. Desde sus años de formación profundiza en la pintura, el dibujo, el aguafuerte y la litografía, y desarrolla un interés que orientará toda su carrera.
L a llegada del nazismo marca profundamente su vida. Sufre persecuciones y periodos de detención, abandona Alemania y atraviesa varios países europeos. En 1937 expone acuarelas y grabados en los Países Bajos y se traslada a París, donde intenta reconstruir su actividad. La Segunda Guerra Mundial trae nuevas experiencias de internamiento. En la posguerra, el ciclo gráfico Images du Malheur da forma a una reflexión sobre el sufrimiento y la condición humana, confiando a la densidad del trazo el peso de una memoria personal y colectiva.
En 1948 abre un taller de grabado en París, destinado a convertirse en un referente internacional. Aquí, la experimentación artística se acompaña de la enseñanza: numerosos grabadores de distintos contextos acuden a su estudio para aprender los procedimientos calcográficos y sus posibilidades expresivas.
De la figuración a la abstracción
En los años cincuenta, Friedlaender se aleja progresivamente de la representación figurativa. Las imágenes se construyen mediante signos, campos de color, entramados de líneas y superposiciones cromáticas que pueden evocar organismos, paisajes, hojas y estructuras naturales sin describirlos literalmente. La referencia al mundo visible se transforma en un vocabulario abstracto, a menudo caracterizado por una cualidad lírica y una compleja organización de la superficie.
El resultado depende también de su extraordinario dominio técnico. En el aguafuerte, el dibujo se traza sobre una plancha metálica protegida con barniz y se graba mediante la acción de un mordiente; tras entintarla, la marca se transfiere al papel con el tórculo. LLa aguatinta, en cambio, permite crear zonas tonales, ampliando las posibilidades de la plancha más allá del simple trazo lineal. Friedlaender combina estos procedimientos y experimenta con la impresión en color mediante varias matrices o distintas modalidades de entintado. La superposición de las intervenciones produce transiciones delicadas, zonas densas y profundidades propias del lenguaje del grabado.
El taller y el legado del grabado en color
Su labor docente contribuye a difundir una concepción creativa del grabado. Entre los artistas vinculados a su taller figuran Arthur Luiz Piza, Brigitte Coudrain y Graciela Rodo Boulanger. Friedlaender participa además en numerosas exposiciones en Europa, América y Asia, y obtiene reconocimiento sobre todo por la calidad y originalidad de sus grabados.
La descripción correcta de sus obras requiere atención: muchos grabados combinan aguafuerte y aguatinta, a veces en varios colores, y no deben definirse genéricamente como litografías. La técnica, la firma, la tirada y las referencias catalográficas deben verificarse para cada ejemplar. Friedlaender muere en París en 1992, dejando una producción que contribuyó a liberar el arte gráfico del papel de simple traducción de una imagen pictórica y a reconocerle plena autonomía artística.
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