DE GREGORIO Giuseppe
La pintura de Giuseppe De Gregorio nace de un diálogo constante con la naturaleza, pero rara vez se limita a describirla. Rocas, raíces, organismos marinos, insectos y formas vegetales se convierten, en sus obras, en presencias transformadas por el color y la materia, hasta situarse en la frontera entre lo reconocible y la invención. Protagonista del Grupo de Spoleto, el artista pasó por el poscubismo y el Informalismo, y luego desarrolló un lenguaje propio en el que el mundo natural parece emerger desde el interior mismo de la superficie pictórica.
Los orígenes y los primeros reconocimientos
De Gregorio nació en Spoleto el 11 de agosto de 1920, en una familia que ya tenía vínculos con la pintura: su padre era pintor y su abuelo paterno había enseñado en la Academia de Bellas Artes de Catania. Sin embargo, su formación se desarrolló sobre todo a través de un recorrido personal, nutrido por el ambiente cultural de Umbría. A finales de los años cuarenta empezó a participar en exposiciones colectivas y, en 1948, obtuvo el Premio Ciudad de Orvieto, uno de los primeros reconocimientos públicos de su actividad.
Las obras iniciales muestran interés por el poscubismo, reconocible en la simplificación geométrica de las figuras y los paisajes, y en la tendencia a organizar el espacio mediante campos de color y segmentaciones. El tema sigue presente, pero su estructura se reelabora progresivamente: ya no basta con reproducir su aspecto exterior, porque la atención del artista se desplaza hacia las relaciones entre las formas y las posibilidades autónomas de la composición.
El Grupo de Spoleto y la renovación de la pintura
A principios de los años cincuenta, De Gregorio participó en la formación del Grupo de Spoleto, conocido también como Grupo de los Seis, junto con Filippo Marignoli, Giannetto Orsini, Ugo Rambaldi, Piero Raspi y Bruno Toscano. Las fuentes sitúan la constitución del grupo entre 1953 y 1954, en una etapa en la que numerosos artistas italianos buscaban nuevos caminos después de la guerra. Aunque mantenían lenguajes y personalidades diferentes, sus integrantes compartían la necesidad de superar las convenciones figurativas y de explorar las investigaciones de la abstracción y el Informalismo.
L’experiencia tuvo un valor que iba más allá de la colaboración entre seis pintores: contribuyó a incorporar a Spoleto al debate artístico nacional, demostrando que la renovación del arte italiano no concernía únicamente a los grandes centros. Para De Gregorio, también representó el contexto en el que maduró el paso de las estructuras poscubistas a una pintura más libre, interesada en la materia, el gesto y las tensiones internas del color.
L’Informalismo y la relación con la naturaleza
A lo largo de los años cincuenta, las formas de su pintura fueron perdiendo progresivamente la rigidez geométrica de sus comienzos. Las superficies de color empezaron a superponerse, la pincelada ganó energía y la superficie se convirtió en un campo de relaciones dinámicas. Una pintura como Pintura (1957) documenta esta transformación, en la que el color ya no se limita a rellenar los contornos, sino que participa directamente en la construcción de la imagen.
Su obra también se asocia con el último naturalismo, una corriente crítica vinculada especialmente a Francesco Arcangeli. Desde esta perspectiva, la naturaleza no se entiende como un repertorio de formas que hay que reproducir fielmente, sino como una realidad vital, hecha de transformaciones, sedimentaciones y movimientos. Las rocas, el agua y la vegetación pueden evocarse sin convertirse en temas inmediatamente reconocibles: la materia pictórica transmite más bien su energía y complejidad. L’abstracción, por tanto, no implica una separación del mundo natural, sino una manera distinta de relacionarse con él.
Los años sesenta y el reconocimiento crítico
Pinturas como Interior (1960–1961), Luces y piedras (1961) y Rito bárbaro (1963–1964) dan testimonio de la maduración de un lenguaje en el que el gesto, las estratificaciones y los contrastes cromáticos adquieren un papel cada vez más importante. La composición se organiza mediante tensiones y acumulaciones, dejando aflorar referencias al mundo natural sin reducirlas a una descripción tradicional.
Durante estos años, De Gregorio consolidó también su presencia expositiva. Tras la muestra en la Galleria Spotorno de Milán en 1959, celebró una exposición individual en la Galleria Il Quadrante de Florencia en 1962 y otra en la Galleria Il Milione de Milán en 1963. En 1964 participó en la XXXII Bienal de Venecia, mientras que su obra atraía la atención de críticos como Francesco Arcangeli, Maurizio Calvesi, Enrico Crispolti y Giovanni Carandente. Estos encuentros marcaron la consolidación de una investigación artística surgida en el ámbito de Umbría, pero ya integrada en el debate nacional sobre la pintura contemporánea.
Fósiles, organismos y microcosmos
A partir de la segunda mitad de los años sesenta, en las obras de De Gregorio empezaron a surgir formas más claramente relacionadas con el mundo orgánico. No se trató de un simple regreso a la figuración: fósiles, raíces y criaturas marinas parecen nacer de la propia materia del cuadro, como si el color guardara huellas de procesos naturales. Obras como Fossile (1969), Vecchie radici e germogli (1969–1970), Animale marino (1970) y Frutti di mare (1970) muestran esta particular capacidad de evocar organismos y estructuras vivas sin renunciar a la libertad compositiva conquistada con el informalismo.
En los años setenta, el interés se dirigió cada vez más a los microcosmos naturales, observados como a través de un aumento fantástico. En Fondo marino, Bosco, Collezione di farfalle e Insetto e fiore, obras documentadas en 1974, el color contribuye a sugerir vitalidad, movimiento y profundidad. El paisaje ya no es solo un espacio exterior, sino un universo de presencias diminutas, a veces imaginarias, en las que observación e invención se vuelven inseparables.
Obras sobre papel y vínculo con Spoleto
Además de las pinturas, la producción documentada comprende dibujos y trabajos sobre papel, acreditados también por los materiales conservados en el Archivo Estatal de Perugia, Sección de Spoleto. Es importante distinguir estas obras de los grabados: sin indicaciones relativas a cada ejemplar, no es correcto identificar automáticamente un trabajo sobre papel como litografía o aguafuerte. Conocer la técnica sigue siendo esencial para describir con precisión la producción del artista.
La relación con Spoleto siguió siendo un elemento constante en su trayectoria. Aunque se trasladó a Florencia en 1974, De Gregorio mantuvo los vínculos con su ciudad natal y, en 1978, realizó, por invitación de Giancarlo Menotti, el cartel del XXI Festival dei Due Mondi. En 1997 regresó a vivir a Spoleto, donde murió el 31 de diciembre de 2007. Su archivo personal, con correspondencia y documentación relacionada con su carrera, se conserva en la sección de Spoleto del Archivo Estatal de Perugia.
Su trayectoria artística recorre el postcubismo, el informalismo y las imágenes orgánicas, que no representan capítulos aislados, sino momentos de una misma búsqueda. La naturaleza sigue siendo la referencia profunda de una pintura que, a través del color y la materia, busca restituir no solo su aspecto visible, sino también los procesos de transformación y la fuerza vital.
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