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ISGRÒ Emilio

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Tachar una palabra no significa necesariamente destruirla. Puede significar hacer más evidente su ausencia, obligar al lector a preguntarse por lo que ya no logra ver y transformar una página en un espacio de interpretación. Sobre esta paradoja se fundamenta gran parte de la investigación de Emilio Isgrò, nacido en Barcellona Pozzo di Gotto en 1937 y convertido en uno de los protagonistas italianos del arte conceptual y la poesía visual. Su práctica más célebre, la tachadura, cuestiona la relación entre escritura, imagen, memoria y autoridad cultural, utilizando un gesto aparentemente sencillo para plantear cuestiones de gran complejidad.

De la poesía a la página como espacio visual

La trayectoria de Isgrò nace de una relación directa con la literatura. Poeta y escritor antes que artista visual, siempre ha considerado el lenguaje como un material vivo, capaz de producir significados, pero también de imponer jerarquías y formas de control. En los años sesenta, en un contexto cultural que estaba cuestionando los límites tradicionales entre las artes, se acercó a la poesía visual y empezó a tratar la página no solo como soporte de un texto, sino como una superficie en la que intervenir materialmente. La disposición de las palabras, los espacios en blanco y las zonas oscurecidas se convertían así en elementos de una composición, sin perder el vínculo con la lectura.

Esta transformación es importante porque desplaza la atención del contenido de una frase a la manera en que se transmite ese contenido. Un libro, un periódico o un documento no son contenedores neutrales de información: poseen autoridad, una forma reconocible y una historia. Intervenir en ellos significa hacer visibles las convenciones que normalmente permiten al lector confiar en lo que encuentra escrito. Isgrò no renuncia a la palabra, sino que la pone a prueba: la oculta parcialmente para mostrar hasta qué punto nuestra experiencia del texto también depende de lo que falta.

La tachadura entre memoria e interpretación

En las obras de Isgrò, la tachadura no consiste en un oscurecimiento indiscriminado. L artista selecciona, cubre, deja sobrevivir fragmentos y construye relaciones entre llenos y vacíos. El lector sigue reconociendo la presencia de un texto, pero ya no puede recorrerlo según sus hábitos habituales. L ausencia se convierte entonces en una fuerza activa: invita a imaginar conexiones, a interrogar la fuente y a reflexionar sobre quién tiene el poder de establecer qué palabras deben permanecer visibles. El gesto puede evocar la censura, pero no se agota en ella, porque la sustracción también genera nuevas posibilidades de significado.

Entre las intervenciones más conocidas de su investigación figura la tachadura del primer volumen de la Enciclopedia Treccani, realizada en 1970. La elección de trabajar sobre una enciclopedia es particularmente significativa: una obra creada para ordenar y transmitir el saber se transforma en una imagen que pone en tela de juicio su supuesta exhaustividad. El espectador reconoce el carácter autorizado de la fuente, pero se encuentra ante una página que ya no puede funcionar como un simple instrumento de consulta. En este contraste entre el conocimiento y la imposibilidad de leer se concentra uno de los aspectos más originales del arte de Isgrò.

De las tachaduras a las instalaciones

A lo largo de las décadas, Isgrò ha ampliado su actividad a la pintura, las instalaciones, obras públicas y los proyectos teatrales, y ha seguido trabajando con textos y símbolos de la cultura italiana e internacional. La tachadura, nacida del diálogo con la página, puede adquirir dimensiones ambientales y modificar la forma en que el espectador recorre un espacio. En otros casos, se concentra en un detalle mínimo y deja emerger una palabra o un signo que adquiere una intensidad particular precisamente porque está rodeado de silencio. Cambian los soportes y las proporciones, pero se mantiene el interés por el límite entre lo que se muestra y lo que se sustrae a la vista.

Paralelamente, el artista ha seguido escribiendo poesía, prosa y teatro. Esta doble actividad es esencial para comprender su trabajo: Isgrò no contrapone la literatura a la imagen, sino que hace que cada lenguaje interrogue al otro. La escritura proporciona materiales y estructuras a la obra visual; la intervención artística, a su vez, vuelve menos evidente la aparente transparencia de la escritura. El resultado es una investigación que no puede confinarse en una sola disciplina.

Obras únicas, múltiplos y gráfica

En la producción de Isgrò, el procedimiento conceptual no determina automáticamente una técnica material. Las tachaduras pueden realizarse sobre distintos soportes, mientras que otras obras pertenecen al ámbito de las artes gráficas y de las ediciones múltiples de artista. Por eso es importante no identificar cada obra como serigrafía, litografía o impresión solo porque presenta una imagen reproducible. Al describir una obra concreta, hay que distinguir el proyecto artístico del procedimiento efectivamente utilizado y verificar, cuando existan, los datos editoriales, la tirada, la firma y la documentación.

L legado de Isgrò consiste en haber transformado la lectura en una experiencia visual y crítica. Sus obras piden al espectador que observe no solo lo que comunica una página, sino también las condiciones que hacen posible esa comunicación. En este sentido, la tachadura no es lo contrario de la escritura: es otra forma de hacer hablar al texto, a través de la interrupción, el vacío y la memoria de aquello que ya no podemos leer.

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