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PERILLI Achille

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Achille Perilli (Roma, 1927 – Orvieto, 2021) fue una figura central de la abstracción italiana de posguerra y uno de los artistas que cuestionaron con mayor radicalidad la geometría tradicional. Sus composiciones están pobladas de estructuras inclinadas, volúmenes imposibles, ensamblajes y campos de color que parecen desafiar las reglas de la perspectiva. Tras el aparente juego visual se encuentra una rigurosa investigación sobre la relación entre orden e invención, regla e imaginación.

Forma 1 y la defensa de la abstracción

En 1947, Perilli participó en la fundación del grupo Forma 1, junto con artistas como Carla Accardi, Piero Dorazio, Pietro Consagra, Giulio Turcato y otros protagonistas de la nueva generación romana. El manifiesto reivindicaba el valor del arte abstracto en un contexto cultural marcado por el debate entre figuración, compromiso político y experimentación. Así, Perilli contribuyó a una época en la que la investigación formal se entendía como una elección cultural y una afirmación de libertad.

Su interés no se limitó a la pintura. Las revistas, el debate teórico y la colaboración con poetas e intelectuales tuvieron un peso importante en su trayectoria. Junto con Gastone Novelli dirigió La experiencia moderna y fue uno de los promotores de Gramática, experiencias editoriales que dan testimonio de la atención a la relación entre imagen, escritura y lenguaje.

De la narración gráfica a la geometría irracional

En las primeras etapas de su investigación, las superficies de Perilli albergan secuencias de signos y formas abstractas que parecen aludir a un relato sin personajes reconocibles. La composición avanza mediante ritmos, intervalos y variaciones, como si fuera una escritura que se sigue con la mirada. Más adelante, el artista profundiza en la construcción de un espacio imaginario, en el que la geometría deja de garantizar la estabilidad y se convierte en una herramienta para producir sorpresa.

A partir de los años setenta destacan especialmente las maquinarias: estructuras que recuerdan a sólidos geométricos, máquinas o arquitecturas, pero presentan relaciones espaciales deliberadamente incongruentes. Los planos y las aristas parecen encontrarse de maneras incompatibles con la perspectiva habitual. El color, a menudo intenso y contrastante, acentúa esta inestabilidad, mientras que la imagen conserva una precisión casi proyectual.

La imaginación como método

En el Manifiesto de la imagen loca en el espacio imaginario de 1971 y en su posterior reflexión sobre lo geométrico irracional, Perilli reivindicó la posibilidad de construir imágenes que no obedecieran a la lógica ordinaria. No se trata de un rechazo de la disciplina, sino del uso consciente de las reglas para abrir una dimensión imprevisible. Así, la pintura se convierte en un laboratorio en el que el pensamiento visual puede ir más allá de lo que parece posible.

Perilli también trabajó con escenografías, dibujos y obras gráficas. En las estampas, la relación entre líneas, campos de color y superposiciones cromáticas permite apreciar con especial claridad la construcción de sus imágenes. Sin embargo, la serigrafía, la litografía, el grabado y la reproducción no deben considerarse intercambiables: para cada obra es necesario verificar el procedimiento empleado, la tirada y los datos editoriales, si los hubiera.

Presente en importantes exposiciones, entre ellas la Bienal de Venecia, Perilli dejó un lenguaje reconocible por su audacia y coherencia. Sus obras muestran que la geometría no es solo una medida del espacio real: también puede convertirse en una gramática de lo absurdo, capaz de generar imágenes a la vez exactas e imposibles.

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