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MASTROIANNI Umberto

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En las esculturas de Umberto Mastroianni (Fontana Liri, 1910 – Marino, 1998), la materia parece escapar continuamente a la inmovilidad. Planos metálicos, aristas, cavidades y masas se disponen en direcciones contrapuestas, como si la obra contuviera una energía a punto de liberarse. Se trata de una investigación que atraviesa la escultura italiana del siglo XX con una voz personal, alimentada por el diálogo con las vanguardias y profundamente marcada por la experiencia de la guerra. Su trabajo dialoga con el dinamismo futurista, pero reelabora su significado a la luz de una historia que también había mostrado el rostro destructivo de la modernidad.

La formación y el problema del movimiento

Trasladado a Turín siendo joven, Mastroianni entró en contacto con un entorno artístico en el que la escultura y la arquitectura ofrecían oportunidades para confrontarse con las investigaciones modernas. Lel interés por los materiales y por la construcción plástica lo llevó progresivamente a superar la idea del volumen como una masa compacta y cerrada. Las formas podían abrirse, ser atravesadas por vacíos y articularse en varias direcciones; el espacio ya no debía limitarse a rodear la escultura, sino convertirse en parte activa de su estructura.

La referencia al Futurismo ayuda a comprender la atención al movimiento, la descomposición y la tensión de las líneas. Sin embargo, Mastroianni no se limita a retomar un lenguaje nacido en las primeras décadas del siglo. En sus obras, el dinamismo no equivale a una celebración ingenua de la velocidad o de la máquina. Las estructuras pueden parecer desgarradas, atravesadas por impactos y contrastes, como si el movimiento fuera también el signo de una fractura.

La guerra, la Resistencia y la fuerza de la materia

La experiencia de la Resistencia y el trauma de la guerra contribuyeron a dar a su investigación una intensidad histórica y moral. La energía de las esculturas no es solo un problema de composición: sugiere un mundo atravesado por fuerzas que se oponen, se quiebran e intentan recomponerse. El bronce y los demás materiales empleados por el artista se convierten en instrumentos para hacer perceptible esta tensión. Las superficies captan la luz de manera discontinua, los vacíos interrumpen los llenos y se invita al ojo a seguir trayectorias que nunca conducen a un único punto de vista.

Observar una escultura suya significa, por tanto, moverse a su alrededor. Desde una posición predomina un perfil compacto; desde otra, aparecen aberturas y encajes; una cavidad puede parecer profunda o casi desaparecer según la iluminación. El movimiento no se representa como un episodio externo a la obra: nace de la relación entre la materia, el espacio y la mirada. En este sentido, Mastroianni transforma la escultura en una experiencia temporal que cambia durante la observación.

Dibujos, obra gráfica y ediciones

La misma sensibilidad atraviesa los dibujos y las estampas. Las líneas oblicuas, los trazos concentrados y las superficies de colores contrastantes pueden evocar la energía de las estructuras tridimensionales, sin ser simples proyectos preparatorios. Al catalogar una obra múltiple, es importante distinguir entre estampa original, reproducción, relieve y escultura de edición, porque cada categoría implica procedimientos y criterios de identificación diferentes. En el caso de una fundición, también son importantes la fundición y la documentación de la edición; en el de una estampa, son relevantes la técnica, el soporte, la firma y la tirada.

La fuerza de la investigación de Mastroianni reside en la forma en que un material resistente y pesado puede comunicar aceleración, inestabilidad e impulso. Sus obras parecen recordar que la materia nunca es realmente inerte: puede albergar la memoria de un conflicto y, al mismo tiempo, la posibilidad de una transformación.

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