FIUME Salvatore
Ciudades imposibles, islas pobladas de estatuas, figuras femeninas y paisajes lejanos componen el universo imaginativo de Salvatore Fiume. Pintor, escultor, escritor y escenógrafo, el artista siciliano construyó un lenguaje figurativo en el que la memoria del Renacimiento se encuentra con la sugerencia de la pintura metafísica y el gusto por la narración fantástica. En sus obras, la realidad no se abandona, sino que se transforma en una escena suspendida, regida por arquitecturas monumentales y perspectivas inesperadas.
De su formación en Urbino a las ciudades imaginarias
Nacido en Comiso el 23 de octubre de 1915, Fiume obtiene a los dieciséis años una beca para el Real Instituto para la Ilustración del Libro de Urbino. Allí profundiza en el dibujo y conoce las técnicas de impresión, desde la litografía hasta el aguafuerte, y desde la xilografía hasta la serigrafía. En 1936 se traslada a Milán, donde frecuenta un ambiente cultural animado por personalidades como Salvatore Quasimodo y Dino Buzzati; dos años después llega a Ivrea y trabaja en Olivetti, a cargo de la dirección artística de una revista cultural. Compagina la pintura con la escritura y publica en 1943 la novela autobiográfica Viva Gioconda!. En 1946 deja la empresa y se instala en Canzo, donde transforma una hilandería del siglo XIX en su estudio.
Su imaginario madura en diálogo con el Quattrocento italiano y con la lección de Giorgio de Chirico, Alberto Savinio y Carlo Carrà. De Piero della Francesca y Paolo Uccello le atraen la solidez de las figuras, la construcción en perspectiva y la relación entre espacio y arquitectura; de la Metafísica retoma, en cambio, la capacidad de volver enigmáticos los lugares y objetos familiares. En 1948 también pone a prueba la relación entre imagen e identidad: pinta una serie de obras de inspiración española, las firma como Francisco Queyo e inventa la biografía de este pintor imaginario, presentado como un gitano exiliado en París. Las obras se exponen en la Galleria Gussoni de Milán.
En 1949 presenta con su propio nombre, en la Galleria Borromini de Milán, los ciclos de las Ciudades de estatuas y las Islas de estatuas: visiones de arquitecturas fantásticas, presencias escultóricas y paisajes fuera del tiempo. Las obras atraen la atención de Alfred H. Barr Jr., vinculado al Museum of Modern Art de Nueva York. Laño siguiente, Fiume participa en la Bienal de Venecia con el tríptico Isla de estatuas, respaldado por Alberto Savinio.
Pintura monumental, teatro y viajes
La vocación escenográfica de Fiume también se expresa en grandes encargos. Entre 1949 y 1952 realiza un ciclo de pinturas dedicadas a la historia de Umbría, conservadas en el Palazzo Donini de Perugia. En 1951, Gio Ponti le encarga una obra para el transatlántico Andrea Doria: una ciudad renacentista imaginaria que se perderá con el hundimiento del barco en 1956. A partir de 1952 también colabora con el Teatro alla Scala de Milán, creando escenografías y vestuario; la actividad continúa también en otros teatros, entre ellos el Covent Garden de Londres. Así, el escenario se convierte en una extensión natural de sus arquitecturas pintadas.
Los viajes amplían aún más el repertorio del artista. Paisajes africanos, mediterráneos y polinesios se entrelazan con figuras femeninas, colores intensos y formas plásticas. Además de la pintura, Fiume cultiva la escultura, sobre todo en bronce, y experimenta con soportes inusuales como las piedras pintadas. En 1973 interviene directamente en algunas rocas del valle de Babile, en Etiopía, llevando la imagen más allá de los límites del cuadro tradicional.
El arte gráfico y el legado artístico
La formación en Urbino sustenta un interés duradero por la obra gráfica. La litografía, basada en el principio de repulsión entre el agua y las sustancias grasas, permite conservar la calidad del trazo dibujado; el aguafuerte, en cambio, confía el dibujo a la acción de un mordiente sobre una matriz metálica. La xilografía y la serigrafía ofrecen distintas posibilidades para construir formas y campos de color. En las ediciones de Fiume aparecen con frecuencia temas figurativos, ciudades fantásticas e imágenes vinculadas a su repertorio pictórico. Para cada ejemplar es indispensable distinguir una estampa original de la reproducción fotomecánica de una pintura, verificando la técnica empleada y la documentación disponible.
Presente en colecciones como el Museum of Modern Art y los Museos Vaticanos, que en 1978 reciben un conjunto de treinta y tres obras, Fiume continúa trabajando en distintas disciplinas hasta sus últimos años. Muere en Milán el 3 de junio de 1997. Su legado reside en la capacidad de mantener una identidad figurativa reconocible al explorar la pintura, la escultura, el arte gráfico y la escenografía, siempre con un diálogo personal entre clasicismo e invención.